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Poemáticas: primera parte.

Del poemario Leasing de la vida (2008) [1]
Como ustedes sabrán, Leasing[2] es un préstamo que hizo el castellano del inglés para hablar de un documento que expresa las intenciones de adquirir algo, aún sin conocerlo. Es el propio paquete chileno. Este poemario, de 55 poemas, está dividido en tres partes, a saber: Poemalentos, Trans-formas y Estadía Épica. Verdaderamente todos con una búsqueda de lenguaje que no llega a cuajar. Quizá en las dos series de poemas que presento ahora, se encuentra los mejores ejemplos de lenguaje pero, puesto en contraposiciones a los poemas de este poemario iniciático, es verdaderamente dispar. Aquí los poemas, de este poemario olvidado [3].
 

I [4]
Habrá
alguien que me lea en un planeta triste
a
cinco
mil
años
terrícolas
de
distancia
 
II [5]
entonces
sabré que la muerte no es para siempre
sólo
es una emoción
fúnebre
de
lo  inevitable
 
III [6]
y los girasoles alumbraran mi féretro ficticio
inexistente     como yo
como
la propiedad intelectual
o
la fortuna de Walt Disney
 
IV [7]
seré
como una hecatombe
resignada
por los tiempos
que viví
 
V [8]
un epíteto
de un
famoso
libro
de auto ayudas
 
VI [9]
y allí moriré
en la página copretérita
en el banquillo ingente [10]
en este poema ilegible [11]
 
*********************************
 
1 [12]
nunca consigo trabajo de poeta
así que
he de montar mi propia empresa  [13]
 
2 [14]
venderé poemas al mayor y al detal
como un delta de ecuaciones bachelardianas [15]
la poética del nido del cuco [16]
o
de Popy cepillándose los dientes [17]
 
3
venderé poesía de autoayuda [18]
poemas retrato [19]
y poemas personalizados
todo con mi
siniestra
firma de fondo [20]
  
4 [21]
señora
cuelgue mi poema en su sala
a las viejas salesianas le parecerá innovador
su marido lo mirará por muchos ángulos
explicando la plástica del lenguaje [22]
 
5 [23]
señor
le escribo un poema horario
una conjura grosera
un Dadá triste
y sin embargo burlón
 
6 [24]
señorita
la enamoro a poemasos
no me tendrá que pagar
apenas
regáleme un broche
un prendedor
o la ropa intima de su virginidad [25]
regáleme
algo suave que me sirva de inspiración
materia prima
o
como lo quiera usted llamar
 
7 [26]
señor policía
¿acepta sobornos?
Déjeme prepararle un poema   por   no   gráfico [27]
para su soledad
cortesía de la casa [28]
no se vaya usted a asustar.
De verdad que no lo engaño
vendo poemas y nada más [29]
 
8 [30]
quién lo  iba a decir
preso
con brutalidad policial
y la gente allá  afuera
sin poemas que comprar.

[1] Este el tercer poemario que escribí en la búsqueda del oficio. El primero, terrible. El segundo, más cerca de las lecturas y de la literatura, también era deforme. Este es el primer intento de “intencionado” de ser poeta.
[2] No había razón para buscar una palabra más castiza. Creo que el sonido de la palabra leasing aún me seduce. A demás, hace al poemario un objeto interesante, aunque sea superficialmente. (“La lengua de los poemas debe ser aprendida en forma directa, precisamente como el lenguaje de las almas” (Bachelard 2000:31), entonces todo lo que no se capte directamente del poema, será superficial y falto de poesía).
[3] Estos poemas pertenecen a la primera parte, llamada Poemalentos, que tenía la intención de escribir poemas que diesen la motivación al lector de leerlos lentamente, ya que yo me acusaba a mí mismo de escribir poemas de lectura, casi atropellada. Los únicos poemas que lograron este objetivo, según creo, son estos. Me sostengo (posteriormente) en Enrique Arenas: “El poeta y la poesía prueban (saborean, ensayan, intentan) y sobre esa carencia, ese despojo, esa nulidad, esa nadería, construyen universos por cuyas hendijas se muestra la alteración, la otredad de lo real” (2008:207).
[4] Quizá de risa, pensar en la conciencia del lector, eso mismo es lo que dice el poema y todos los poemas de esta serie. Algo así podemos sacar de Bloom cuando dice: “siempre se leerá contra el reloj” (2000:23), y la existencia misma del poema depende de esa temporalidad. Ahora el poema habla de la inmortalidad del poema a través del poema.
[5]
Pero la muerte existe y el poema no se escapa de ello, con tan solo 18 años asume la muerte en su magnitud, agarrándose del salvavidas del poema. También el hecho de convertir la muerte en una simple emoción le da valor al poema en términos filosóficos: ¿Qué diría Søren de esto?
[6] Un poco de lucha ideológica, quizá de chiste ideológico. Tal vez allá algo de momificación.
[7] Más pensativo, quizá este poema es innecesario.
[8] Aquí me gozo en decir, que la desgracia no tiene límites.
[9] Para ser el último poema quizá le falta fuerza. Tal vez una intención narrativa de dejar “un final abierto” cosa que en poesía es imprecisión.
[10] El banquillo ingente, me parece una imagen que no corresponde con el poema, pero
habrá que ver la sensación que termina produciendo.
[11] ¿Metapoema? No creo, sólo una pose de aprendiz de poeta, no tenía conciencia del poema dentro del poema, ni del palimpsesto, mucho menos de la metapoesía o de los poemas intertextuales. Quizá me faltaba leer a Bolaño, para no escribir esto.
[12] Estos poemas que comienzan juegan con una rima extraña. Precisamente es un juego: el poema-objeto-mercancía que potencia el poeta en la ironía. ¿Qué pasa con el oficio en esta falta de seriedad que nos adelanta el poema? Aquí cabe una pregunta para el lector de estos poemas, que se puede sustentar en las ideas que desarrolla Massimo Cacciari en un estudio llamado “De Hegel a Duchamp”: “La sátira no ríe, juzga. La ironía no ríe, disuelve. Cómica, en cambio, es la situación misma, esa red irreductible de máscaras y de roles que debe continuamente fingir, el sentido etimológico del término, es dar forma, inventar proyectos y fines, que sin cesar naufragan y sin cesar resurgen” (2000:153).
[13] ¿Cuál es la empresa real del poeta? Aunque para Sartre la poesía no era el verdadero compromiso literario (“Según Sartre, la poesía como arte no puede comprometerse” (Vargas 2007:37)), creo que los poetas tiene un forma de compromiso con el lenguaje que se hace más trascendente que el siempre compromiso político.
[14] Soy comerciante desde temprana edad. A mis doce años tuve mi primer trabajo: limpiaba baños en la Vereda del Lago. No cobraba mucho. Pero luego empecé a trabajar con mi papá en su kiosco de cucherías, y allí, tuve mi primer negocio. Alquilaba una tarjeta para un teléfono tarjetero. Entonces, no es extraño, que como poeta también quiera vender.
[15] Indudablemente el agua que corre por un delta es Bachelardiana. Cuando escribí este poema, ya había leído “La poética del espacio” de Gastón. Y había quedado maravillado por supuesto, con su habilidad para configurar una especie de igualdad textual donde hacia metáfora de la idea.
[16] Bueno, aquí una referencia cinematográfica. La famosa película que le mereció el Oscar a Jack Nicholson. Esto de la poética, juega con el propio Bachelard y con la idea de la locura cuerda que nos ofrece la película.
[17] Y por último, la sorna del poema, incluyendo a Popy, quien con su canción de cepillarse los dientes, estuvo jodiéndome todas las mañanas de mi vida escolar. Siempre he odiado el sabor a menta de la pasta dental Colgate.
[18] Es lo más vendido. Recuerdo haber leído “Dios vuelve en una Harley Davidson” de Joan Brady, cuando tenía 14 años. Me fue completamente inútil. A esa edad no tenía problemas. Quizá ahora me sería igual de inútil, porque a mis 22, tengo muchas soluciones.
[19] Los artistas plásticos juegan con el color y el lienzo. Pueden hacer un retrato de un hombre que va pasando (no creo que sea tan fácil) y venderlo. Es el pintor una forma de alabar el ego del comprador. El escritor está en otra parte, alabándose, quizá, a sí mismo. Es quizá la relación del espero, la sombra, la imagen del hombre, la búsqueda del origen mismo (Cacciari 2000:76-76) lo que hace al hombre una presa fácil, ante el señuelo de la pintura.
[20] Para colmo el pintor firma cada uno de sus cuadros. Nosotros, los escritores, no podemos ponernos a dedicar cada página del poemario.
[21] En este poema hablamos algo parecido. Quizá motivado por una idea que tengo desdehace tiempo. Quiero hacer una exposición de mis poemas en una galería de arte. Que la gente vaya y se ponga a leerlos en grandes formatos. Con catálogo y todo. Dice Nicanor Parra que sus antecesores “Fueron unos reverendos poetas burgueses” (1972:219), y quizá la idea de exponer poemas, sea la idea más burguesa que he tenido. Aunque Bajar del Olimpo tampoco es un acto de poesía revolucionaria.
[22] Verdaderamente hay una plástica en lenguaje. Así como Barthes fundamenta una erótica, también hay que ver la dimensión estética del lenguaje consumado en su orden sintáctico, y hasta en las yuxtaposiciones. Por ejemplo pongo los trabajos plásticos que realiza la profesora Neydalid Molero, donde usa el contenido semántico y hasta supra-semántico, para resemantizar el texto en expresión plástica. Recuerdo en cuadro que tiene en su cocina. Es un fragmento de Rayuela, de Cortázar, escrito con grafito, sobre la imagen oscura de una parte del cuerpo.
[23] Dice el poeta tachirense Pablo Mora: “El poema no se «produce», no es un objeto de consumo. El poema se crea. Sí es una creación porque toma lo que hay y de ello hace algo que no hay.” (2005:107) ¿Debería decir el poema: le creo un poema horario? Ciertamente, rompe entonces este poema, con la idea de Mora: el poema es un objeto de consumo, en su contenido textual, en lo que dice; pero al mismo tiempo reafirmo a Mora, demostrando que solo la ficción le da el toque “cómico”, que permite identificar al poema como una creación artística.
[24] Ese poema dice otras cosas. Quizá el mismo tono que publica del poema “Mujeres” de Nicanor Parra (1972:145-146). O más cerca a la lisonja del mentado Pregonero, de Rafael Rincón González (como desearía hacerle un pie de página al pie de página para decir que Luis Guillermo Hernández, detestaba a Rafael Rincón González, porque según Luis Guillermo, ese señor ya se había ganado todas las condecoraciones de la ciudad por una simple canción. Decía eso respirando por la herida, ya que es evidente que la contribución de Luis Guillermo Hernández a la zulianidad es mucho más solida que: Va cantando el pregonero, vendiendo su mercancía… )
[25] Cuando tú eres virgen crees que todo el mundo es virgen.
[26] Este poema quizá es el más gracioso y el más parecido a Venezuela.
[27] Siempre me ha gusto este verso, por esta desconstrucción de la palabra pornográfico, que la hace parecer lo que quiero que parezca. Logre lo que quería. Quizá otro poeta ya lo había hecho, pero aun no lo he leído. Cuando lea esta división, dejare de estar orgulloso de mi poema.
[28] La “cortesía de la casa” siempre tiene un tono de burdel que no puedo quitármelo de la cabeza. Aunque la casa para Bachelard tiene otras connotaciones, sé que hay algo de burdel en todas las casa viejas. Algo así como si esta hoguera acumulada, ese refugio constante, sea el mismo de unas piernas compradas.
[29] Debe ser muy extraño conseguir en plena calle un puesto de poemas. SI yo fuera policía también me llevaría preso.
[30] Un final muy obvio, y no por ello menos enternecedor. Y me voy a robar unas palabras que Enrique Arenas escribió sobre Lydda Franco Farias, para explicar un poco el mecanismo de estos poemas: “De la página blanca al desparpajo, de la existencia en el límite al dislate, al traspié, y de la parodia de su propio discurso y el de los otros al enigma y la oscilación ontológica de la máscara y de su propio espacio escritural” (2008:200). Humildemente podría usar esas palabras, claro, sin haber leído a Lydda en el tiempo en que escribí estos poemas.

 

 

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