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¿Qué es editar hoy en Venezuela?

Creo que editar es un problema en todos los lugares del mundo. Cuando leía a julio ramón Ribeyro, quedaba fascinado con la crueldad con la que trataba sus pobres ediciones peruanas cuando estaba en parís. Las ediciones latinoamericanas son feas por naturaleza. Ojo, son feas comparadas con las hermosas ediciones europeas que nos llegan aquí, a la pobre orilla de los ex-colonizados. Jeje, parece un chiste, pero es cierto, tenemos una condición de conformismo con la calidad editorial. Sólo las trasnacionales de la literatura nos brindan ediciones dignas y editadas en el suelo patrio. Hay grandes luchadores locales por la ediciones de calidad es cierto. Pero la palabra “intento” es muy valiosa para el latinoamericano.

Las iniciativas estadales son el, quizá el único, gran esfuerzo de edición de calidad. En Venezuela tenemos una institución hermosa llamada Monte Ávila Editores Latinoamericana que, bajo la tutela del estado, lleva más de cuarenta años editando a los más importantes escritores del mundo. Así mismo el estado venezolano tiene la llamada “Biblioteca Ayacucho” que es la más importante colección de autores latinoamericanos en el mundo. Son ediciones muy bien cuidadas y profesionalmente preparadas. Además subsidiadas por una de las naciones más acaudaladas, estatalmente hablando, del mundo.

Pero últimamente, quizá en los últimos siete años, eso se ha visto comprometido. El nacimiento de la Editorial El Perro y la Rana, y la adquisición de una rotativa libresca, han hecho de la inversión estadal una maquinaria obscena de producción de libros. En Venezuela se ha editado más en estos últimos diez años, que en toda la historia del país. Allí impera intereses de todas las calañas, especialmente los políticos. Pero el aporte a la cultura del libro es invaluable. Lástima que la condición de inmortalidad del libro no sean los principios imperan en la producción de estos libros. La calidad del papel no es la deseable, pero se han visto en la necesidad de usar ese papel para poder publicar en tantas cantidades. Lo mismo pasa con la calidad de algunos materiales publicados: la premura, más que todo en poesía, lleva a la nulidad del poema.

Ahora me convoca una de las iniciativas estadales que más critica me merece. El “Sistema nacional de imprentas regionales” que pretende color en cada uno de los 24 estados del país, una impresora Riso, para producir 500 ejemplares de libros de diferentes índoles. Un amigo, Artemio Cepeda, publicó allí su poemario CIUDAD SOLAR, que a mi parecer es un buen poemario. Pero la calidad del libro como objeto, quizá por mi cariño hacia Artemio, es despreciable. ¿Vale la pena editar en desmejora del objeto libro? ¿Vale la pena producir millones de libros que no van a durar más de veinte años? ¿Quién puede detener a un estado en su intención de publicar a toda costa?

Los invito a revisar la página web de la Fundación Editorial El Perro y la Rana, y revisar los requisitos para la publicación. Todas las personas del mundo pueden publicar en Venezuela. ¿Cómo están los asuntos de edición y publicación en España? ¿Háblenme de su mundo?

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