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RESEÑA DE “MANANTIAL” DE LUIS PEROZO CERVANTES. Por Alberto Hernández

“MANANTIAL”, DE LUIS PEROZO CERVANTES

**Alberto Hernández**

1.-
Agua sudor que mana de la piel ajena. Palabras que arrastran el cuerpo y lo convierten en una respiración afanosa, casi asfixiante. Una lectura del ahogo, de las ansias, del deseo, que confirma la presencia de un poema de largo aliento donde la voz del autor es el absoluto propietario de lo que podría concitar su lectura. Y digo absolutamente propietario como también responsable de su valiente inmersión en el agua que contiene este “Manantial” de imágenes.
Luis Perozo Cervantes no abrevia en tanteos. Escribe una poesía que le acontece, que es él en el estricto sentido de la voz que lo ahoga, porque es un texto, el que hemos leído, que no se detiene en su tránsito, en su carrera hacia un final en el que el tono se hace menos extendido, menos palabras, para cerrar con tres exhalaciones: “me alas y vuelo”.

Se hace y deshace en placer, dolor y sexo.

2.-
Me acerco a aquella expresión de Bachelard: “voluptuosidad onírica”, toda vez que se aproxima a este verso final del autor marabino. Y al decir del mencionado ensayista europeo, el psicoanálisis alberga la imagen del soñador que vuela, que asciende estéticamente por esa suerte de “fuerza graciosa” que derrama este manantial de impulsos.
Si bien Armando Rojas Guardia sugiere a Perozo Cervantes no escribir poemas de amor desde la lectura de “Cartas a un joven poeta”, de Rilke, porque se trata de un tema ambientado muchas veces por “los estereotipos, los lugares comunes y los ripios”, el nuestro, el nacido en el Zulia, se arriesga, no se entrampa: escribe un extenso poema que se hace un cuaderno donde lo amoroso es más lo erótico. Digo, el amor es cuerpo prohibido, sensaciones, tactos, sabores de la piel. El poema es una constelación de sonidos en los que dos cuerpos, cercanos o alejados, se acosan, se imantan en destinos seminales, donde quien desea se agota en el otro, pero no se deja vencer por él mismo.

“te persigo, busco de ti en todos los rincones/ me armo de nosotros –de todos nosotros-, / los átomos fisionados del amor- / que pululamos en la calidez violeta de los hoteles…”

3.-
Manantial es una imagen, una presencia sustantiva. Una palabra que se asoma simbólica y finalmente se descubre carnal. Es el uno y el otro, “tú sobre las cosas/ yo encima de ti, sobre las cosas/ pero triste te hemos ido al olvido/ cuerpo antiguo de carnes nuevas/ juego que yo, enroco en mi sexo/ ardo, prendido por tus besos aún masculinos…”
El poema será indetenible mientras persista el deseo. No queda en el cuerpo, va más allá. Es lo prohibido, el tacto sonsacado, “carnívoro y desnudo”, anclado por el “tallo seminal”, con el que alcanza un tiempo

“durante tanto, fluyes, porque un yo no basta
y tus traiciones
te hacen ágil”.
Entonces, “me alas y vuelo”.

En este sentido, el poema de Luis Perozo Cervantes encierra ese mencionado carácter onírico, pero con el cuerpo despierto, vivo, ansioso, asfixiante en la medida en que es leído por el otro, por el acento de quien no imagina el cuerpo ajeno, sino que lo recrea con el cuerpo propio.

Un cuerpo, dos cuerpos, el mismo despertar en el texto.

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