Vulgar, como un latir cualquiera
el predicador de la plaza
se entrega
una y otra vez
al sexo del sermón
con sus orgasmos
canonigos
mas bien
divinos
convulsiona para (por) todos
en la feria del insulto
el predicador de la plaza
suda
pero algún dios
sabrá agradecerle
o algún
predicado
sabrá hacer
de un verbo
pan.
Me recuerda otros orgasmos -no metapoéticos, sino poéticos- de El Cristo de Elqui, de “El arte de la resurrección, o -¿por qué no?- los del Rev. Dr. T. Lawrence Shannon (i.e. Richard Burton en “La noche de la iguana”). Hablando de orgasmos, cada vez da mas gusto leerte, Luis.
Gracias